Cuando dejé de cantar mis canciones, de usar mis palabras, mis colores, de reconocer mis formas, quizá cuando dejé de sentirlos como propios y empecé a buscarlos en ningún lado, sin en realidad haberlos perdido sino tan solo abandonado, olvidé mis sueños y ya no logro recordarlos.
Como un perro a su hueso, entierro mi identidad, la pierdo, luego vuelvo y si acaso la encuentro es para jugar feliz un rato y luego enterrarla y perderme de nuevo.
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